Muy buenas tardes licenciada Margarita Zavala, queridísima integrante de la Libre, rector Jorge Gaxiola Moraila, maestros y compañeros alumnos y exalumnos:
Es un honor poder dirigirme a los integrantes de la comunidad de la Libre; integrada por sus alumnos, maestros y exalumnos. De cara a nuestro primer centenario, es momento de reflexionar acerca del rumbo que hemos tomado y sobre el que hemos de andar.
Debemos reconocer que uno de los meritos de la Escuela Libre de Derecho ha sido formar abogados altamente capacitados para desempeñarse tanto en el sector privado como en el público. Estudiar en la Libre implica, sin duda, un sacrificio. Las exigencias académicas no siempre dejan tiempo suficiente para convivir con la familia y los amigos. Menos aún cuando las lluvias llegan y con ellas el tiempo de exámenes. Pero el sacrificio se ve recompensado con el prestigio que por siempre acompaña a los egresados de la libre y el reconocimiento de que son ellos siempre excelentes abogados postulantes, notarios, académicos y altos funcionarios públicos.
Mencionaba ya uno de los méritos más públicamente reconocidos de la Escuela Libre de Derecho, pero existe otro, quizás más trascendental y que de cierta forma explica o cuando menos complementa al primero: la solidaridad entre sus integrantes. En verdad es inexplicable que el cariño por una institución trascienda en un compañerismo incomparable. Donde quiera que dos personas de la Libre se encuentran inmediatamente hay una conexión especial. Quizás lo anterior se deba a que los aquí presentes compartimos el saber asumir retos. Entre ellos, el reto de enclaustrarnos durante dos meses para presentar seis materias anuales ante los más exigentes sínodos. Y el reto más importante de todos por la lucha constante que implica: el optar por la Libre.
En este mismo ánimo he de decirles que Álvaro de la Peza, quien fue alumno de esta Escuela el año pasado y cuya familia es parte integrante de la misma desde hace varios años requiere de nuestro apoyo para una transplante de corazón urgente. En nombre de los alumnos de la Escuela expreso a Álvaro y su familia nuestra solidaridad y para quien quiera apoyar esta causa, tenemos una mesa de información en este mismo lugar.
Así como nuestros antecesores lo han hecho, nosotros estamos obligados a retribuirle a México lo mucho que hemos recibido de nuestra querida Escuela Libre de Derecho. Pues, somos nosotros, a quienes más se nos ha dado, quienes más obligados estamos a contribuir.
La Libre es –ante todo– una institución al servicio de México. Que mejor ejemplo –e inspiración– que el Presidente Felipe Calderón sea precisamente un egresado de esta casa de estudios. Y así, en los demás ámbitos del ejercicio profesional, siempre encontramos ejemplos valiosos de egresados de la Libre que con su preparación y dedicación, cada uno desde su particular trinchera, contribuyen a construir un México mejor.
El panorama que enfrenta nuestro país es difícil. Pero en este lugar estamos reunidos muchos a quienes los retos no nos intimidan, sino que nos motivan a hacerles frente para superarlos. Y así, seguro, hay otros mexicanos, en distintos lugares, que como nosotros, están dispuestos a levantar la mano por este nuestro país. Gobernantes y gobernados estamos llamados, cada uno desde su posición, a poner todos de nuestra parte.
Para quienes aun no lo hemos hecho, ha llegado el momento de poner nuestro esfuerzo y trabajo en pro de transformar nuestro país. Para quienes ya lo hacen, es momento de redoblar esfuerzos. Nuestra participación se exige hoy más que nunca. Después de cuatro años de conocer a mi Escuela estoy seguro de que lo haremos y de que junto con otros mexicanos como nosotros seremos un factor capaz de hacer la diferencia.
Solo me resta exhortarlos a que continuemos con el espíritu de la Escuela que nos ha sido legado, así como desear que esta gran tradición que hoy nos reúne sea nuevamente motivo de fiesta y alegría.

