Me entusiasma sobremanera escribir estos cuantos enunciados para un proyecto hecho por estudiantes de mi alma mater. No es de sorprender: un liderazgo con visión y altura de miras, como lo es el de mi querido amigo Leopoldo Gómez y el equipo que lo acompaña, tiende siempre a construir y modernizar.
En México vivimos un extraño fenómeno; se nos dificulta participar en proyectos colectivos que provengan de una idea. Sin embargo, resulta paradójico que ante situaciones concretas los mexicanos reaccionamos de manera formidable -recuérdese la solidaridad mostrada por la sociedad civil ante los terremotos del 85 y las inundaciones recientes en Tabasco-. Parecería que alinear conductas en torno a alguna abstracción nos cuesta trabajo.
Esta realidad tiene dos caras; por un lado, quizá esto explique algunas características de nuestro presente político: vemos a las personas entusiasmadas con candidatos y campañas y no con ideas y gobierno. Asimismo, puede ser que por ello desde que existe pluralidad política y democracia electoral (resalto el adjetivo) en nuestro país haya sido imposible para nuestros gobernantes diseñar un proyecto de nación: lo concreto era la persona del Presidente; el proyecto se basa en ideas; abstractas por naturaleza.
La otra cara de la moneda incide directamente en la percepción que de nuestra vida colectiva tenemos los mexicanos. Hace algunas semanas, leí un artículo escrito por Gonzalo Sánchez de Tagle en el que trata este tema basándose en los textos del italiano Pietro Nenni. Fundamentalmente, nos dice Sánchez de Tagle, a los mexicanos se nos dificulta racionalizar nuestra vida colectiva. Somos muy buenos en comunidad (vida colectiva no racionalizada), es decir: para los entierros, para la fiesta, para el fracaso y para la tragedia. En otras palabras, sabemos actuar ante la situación concreta. Pero, cuando se trata de acciones colectivas que necesiten de distintos niveles de racionalidad, es decir de actuar en sociedad, somos pésimos. Y se actúa en sociedad para el civismo, para exigir derechos y responsabilidades, con el éxito ajeno, para ser vecinos, para las reglas de convivencia. Nótese que la racionalización de la vida colectiva es necesariamente una abstracción: los últimos niveles de la racionalidad responden a valores.
La anterior disquisición viene a cuento, ya que, el fondo de este tipo de proyectos (la construcción de una página de internet) deriva de una idea y exige la actuación de los estudiantes en sociedad. Quizá por esto la llamemos Sociedad de Alumnos y no Comunidad de Alumnos. Las proyectos y eventos más complicados de organizar desde una posición de liderazgo son de este calado. Es relativamente fácil organizar una fiesta; no lo es así construir una página de internet, una conferencia o un seminario. Por eso me congratulo enormemente que la actual Sociedad de Alumnos esté realizando trabajo tan encomiable.
Estoy convencido que la participación de los estudiantes en un órgano estudiantil enseña a vivir en sociedad. Se aprende a escuchar y a entusiasmar, se aprende a ver más allá de beneficios personales, se aprende a racionalizar la otredad.
Mi experiencia al frente de la Sociedad de Alumnos me marcó para toda la vida, tuve un gran equipo y el apoyo de muchos amigos y maestros, en especial, del Rector Jorge Gaxiola: persona extraordinaria.
Y en este momento, de lo que me podría sentir más orgulloso es que probablemente fuera durante nuestra gestión cuando se siembra la semilla para que personas como Polo se aventuraran a liderar al alumnado de nuestra Escuela. Estoy seguro que la sociedad de alumnos de este año va a ser recordada en los años porvenir como paradigmática. El actual equipo está rompiendo dogmas, está demostrando que los jóvenes podemos efectuar grandes proyectos y, lo más importante, que tenemos ideas y sabemos llevarlas a cabo. Creo que este tipo de liderazgos impulsan a que el estudiantado de la ELD deje de ser una comunidad y se trasforme en una sociedad. Enhorabuena.
Martin Vivanco Lira
Ex- presidente de la SAELD
